VECINOS AYUDANDO A VECINOS

En el pasado, los vecinos eran amigos y se podía contar con ellos en momentos de necesidad. El vecindario era un sistema de apoyo principalmente para personas mayores que vivían solas. Alguien siempre los visitaba o vigilaba. Hoy en día, la mayoría de las personas no conocen a sus vecinos, y el contacto personal se limita a un rápido buenos días cuando van a trotar o a un saludo mientras conduce. ¿Qué nos ha pasado?

COVID nos ha aislado. Las máscaras impiden leer las expresiones faciales o ver sonrisas, no podemos abrazarnos ni tocarnos, no podemos respirar el aire del otro, reunirnos socialmente o estar muy cerca, y tememos que cualquiera pueda estar albergando el virus. Nuestras vidas se han limitado a salir de casa solo para trabajar o hacer compras esenciales, y las restricciones a las actividades recreativas han creado problemas emocionales y depresión para muchos.

Somos animales de manada por naturaleza. Necesitamos la socialización y nuestro bienestar emocional depende de nuestras interacciones. Esto es especialmente cierto para las personas mayores. Es un hecho investigado que las personas mayores con poco contacto social tienen un alto riesgo de desarrollar depresión y demencia. Y sin interacción social, las personas con demencia experimentan una aceleración de los síntomas.

Como artista y escritora, suelo pasar mucho tiempo sola y sólo socializo ocasionalmente. Pero esas interacciones sociales son significativas. Vivo en Costa Rica sin familia aquí, pero la gracia salvadora es que vivo en una colonia de artistas y tengo vecinos cerca. Durante esta crisis, me he dado cuenta de lo importante que se ha vuelto el compromiso de estar juntos. Tengo 72 años y hace dos años me caí en mi estudio, me quebré la cadera y mi vecina me encontró. Todos en la colonia ayudaron, desde encontrar una persona local para que me cuidara durante la recuperación, hasta vigilarme regularmente, hacer mis compras, e incluso una persona vino y construyó pequeñas rampas para entrar y salir de mi apartamento en la silla de ruedas. Todavía cojeo y camino con un bastón, y en nuestro pequeño pueblo, nunca tengo que pedir ayuda; siempre se ofrece de antemano.

¡Necesitamos despertar! Nuestras relaciones son esenciales. Deberíamos estar ahí el uno para el otro.   Es hora de que miremos más allá de nuestra propia vida y consideremos el bienestar de todos; esto comienza donde vives. Crea una red de vecinos y diles que podrías necesitar ayuda o que estás dispuesto a ayudar. Obtén los números de teléfono de todos. Los adultos mayores que viven sólos, los discapacitados, las madres solteras o la personas que cuidan a otro son candidatos para recibir una llamada tuya para saludarlos y ofrecer ayuda si la necesitan. Las redes sociales en línea y el zoom permiten crear amistades que luego se convierten en personales cuando termine la crisis.

Recuerda el viejo dicho, “Se necesita un pueblo para criar a un niño”, y en estos tiempos, “Se necesita un pueblo para cuidar de los demás”. Así que hazlo, crea una aldea!

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